El pasado año, además de gran cantidad de disgustos, ha llevado a muchas empresas a reinventarse o a obtener nuevos métodos de ganar visibilidad. Si de originalidad hablamos, podemos atribuir mérito a “The Rage Yard”, la curiosa campaña de destructoterapia de Scrap Car Comparision, que tuvo como objetivo la puesta en marcha de un desestresante concurso en las redes sociales cuyo premio era por demás curioso:

Un grupo de personas tendría la oportunidad de destruir mediante aplastamiento, disparos y a golpe limpio un vehículo de desguace con un enorme “2020” pintado en él.

Nos ha parecido adecuado tratar el tema un día como hoy, dado que ayer mismo -13 de enero- fue el día mundial de la depresión: El estrés es una de sus probables causas.

Esta divertida iniciativa permitió a un grupo de afortunados sacar la ira contenida acumulada por el 2020, y disfrutar -¿por qué no?- de esta insólita experiencia.

Pero… ¿Es realmente insólita del todo?

Echemos un vistazo al pasado.

Lo primero que hay que entender es que el hecho de destrozar un vehículo con una expresión física de ira, queda enmarcado dentro de lo que se conoce comercialmente como “destructoterapia”, que pese a que tuvo un periodo de popularidad hace unos años, es una práctica muy antigua que se remonta a la antigua Grecia, entonces denominada “catársis”. La catársis no es más que un proceso en el que las emociones se muestran en bruto y sin adulterar, de la manera más pura posible. En el caso mencionado anteriormente la empresa Scrap Car Comparision permite una libre expresión de la ira. En un pasado menos remoto, Freud, durante sus tratamientos contextualizados en el psicoanálisis, utilizaba métodos variados para conectar al sujeto con sus emociones puras, y desenmascarar traumas. Por tanto, aunque la comercialización de servicios de destructoterapia sea reciente, no lo es tanto buscar el lado terapéutico de la expresión emocional exacerbada.

La oferta de destructoterapia con coches de desguace

“The Rage Yard”, que se traduce literalmente como “El patio de la ira”, ofrecía a través del desguace situado en UK, Scrap Car Comparision, una experiencia muy completa que pasaba por una primera fase para disparar a los coches con escopetas, y por una segunda fase en la que se podía conducir un tanque de batalla Chieftain mejorado de 56 toneladas sobre un viejo coche de desguace, gracias a la alianza con la empresa “Tanks a lot”.  Puedes ver en el siguiente video lo atractivo de la actividad.

 

 

 

 

También en Reino Unido, encontramos los parques “Diggerland”, de los que hablamos en un artículo anterior y en ellos existen también áreas de destructoterapia, aunque no precisamente con vehículos de desguace.  Un poco más cerca, y ya en nuestro país, encontramos empresas como Kiwievents o Stop-estress que disponen de variaciones de este tipo de terapias con elementos más pequeños o portables -vajillas, tecnología, muebles…- Pero la realidad es que la destructoterapia con coches de desguace, aunque resulte curiosa está de capa caída, lo que ha hecho disminuir tanto la oferta como la demanda.

Si intentamos discernir los posibles motivos nos encontraremos con una comunidad psicológica dividida en la que encontramos opiniones a favor y en contra de la destructoterapia y la catarsis.

coche destructoterapia 2020 achatarramiento

destructoterapia con coches de desguace

En el periódico La Vanguardia, encontramos una declaración que indica que “Hay cierto tipo de personas que prefieren aliviar la tensión de una forma física. Es mucho más terapéutico para ellas. Esto es lo que se conoce como terapia de destrucción y permite aliviar el estrés en un entorno controlado”.

Por otro lado, otras muchas voces del sector de la psicología consideran esta técnica poco adaptativa, porque canalizar la ira a través de la violencia puede generar patrones recurrentes: el cerebro termina por asumir con la práctica que para moderar sus niveles de estrés, debe llevar a cabo acciones violentas. Por tanto no se fomenta una gestión equilibrada y consciente de la ira. La destructoterapia se sirve de la liberación de endorfinas y adrenalina, que reducen los niveles de estrés y han conseguido arrojar tímidas pruebas de éxito en los tratamientos de ansiedad. Ahora bien, estas mismas endorfinas se generan por el acto de realizar una actividad física intensa, y parece más adaptativo y equilibrado que su segregación corra a cargo de la práctica de algún deporte.

Que el psicoanálisis usara este método tampoco es un argumento válido para la comunidad de psicólogos, porque la rama psicoanalítica se aleja de la psicología como ciencia y no cuenta con evidencias generalizables de éxito avaladas por la psicología como ciencia.

Lo que sí cuenta con evidencia científica es la terapia psicológica cognitivo-conductual, cuya consecución supone una gestión responsable del estrés, pero mucho menos divertida que la destrucción de coches en un desguace.

No puede ignorarse el factor de la diversión y el morbo que produce destruir objetos sin consecuencias, porque muy pocos han podido emplearse a fondo contra el capó de un coche. Y tal vez aquí radicó el éxito de la mal llamada “terapia”, y es que es una actividad recreativa divertida, con liberación de dosis de adrenalina, que puede realizarse en grupo y que es inusual y asequible. De modo que realizarla parece recomendable, mientras no se use como medio para la gestión de las emociones.

En cuanto a tratamientos alternativos e independientes más sanos, podemos encontrarnos con la oxigenoterapia (inhalación de oxígeno), la risoterapia o la musicoterapia. Si ninguno de ellos va contigo, descuida: Cuando RO-DES acuda para retirar tu coche al desguace gratuitamente ¿Quién dirá que esos golpes del capó no estaban ahí?

 

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